El conjunto de Xavi Pascual se impone en el Movistar Arena por 100-105 en un Clásico decidido en los últimos minutos. El WiZink Center dejó de ser inexpugnable en una noche grande de Liga Endesa. El Real Madrid encajó su primera derrota de la temporada en casa y vio cómo el Barcelona ponía fin a dos rachas históricas: 11 victorias consecutivas y 37 triunfos ligueros como local, en un Clásico de alto voltaje ofensivo que se decidió en los minutos finales (100-105). Nico Laprovittola, imperial en el último cuarto, fue el arquitecto de un triunfo que devuelve a los azulgranas al primer plano de la rivalidad.
El partido nació lanzado. Desde el primer cuarto, ambos equipos apostaron por un ritmo alto y ataques sin complejos. El Madrid encontró fluidez en su juego combinando el poder interior de Tavares con el talento exterior de Hezonja, que asumió galones desde el inicio. El Barça, sin complejos pese a las bajas, respondió desde el triple con un Kevin Punter desatado y un acierto exterior que marcó el tono del encuentro. Las ventajas fueron mínimas y las alternancias constantes, con un ligero dominio visitante tras los primeros diez minutos (24-28).
El segundo cuarto trajo más defensa, pero también más soluciones para el Barcelona. El rebote ofensivo y la profundidad de banquillo permitieron a los de Xavi Pascual estirar el marcador hasta los diez puntos. Ahí apareció Campazzo para evitar que el partido se rompiera. El argentino contagió energía, devolvió confianza a los suyos y, junto a Llull, sostuvo al Madrid antes del descanso (44-48).
Tras el paso por vestuarios, el duelo entró en una fase de golpes alternos. El Madrid ajustó atrás, cerró mejor el perímetro y logró ponerse por delante con un Hezonja imparable y un Llull inspirado. Pero cada momento de desconexión blanca fue castigado por un Barça letal desde el triple. El tercer cuarto fue un carrusel de parciales que dejó todo abierto para el desenlace (75-77).
En los diez minutos finales emergió la gran diferencia del partido. Laprovittola se adueñó del ritmo, leyó cada bloqueo directo como un veterano director de orquesta y desnudó las carencias defensivas del Madrid. Anotó, asistió y encontró siempre al compañero adecuado, con Parra y Satoransky como socios clave. El Barça alcanzó una ventaja decisiva a falta de tres minutos y resistió el último arreón de un Hezonja heroico pero precipitado.
El Clásico se cerró con un mensaje claro: el Madrid sigue líder, pero ya no es intocable. Y el Barcelona, con un plan sólido y un base inspirado, ha vuelto a llamar a la puerta del poder.

